Es difícil encontrar hoy un consumidor que no lleve una cámara de fotos en su bolsillo todo el tiempo (la usa, entre otras cosas, para hablar por teléfono).
Es difícil encontrar hoy un consumidor que no comparta permanentemente lo que hace, lo que le pasa, y lo que siente.
O que no esté online varias veces por día (si es que no lo está permanentemente).
Pensando en este consumidor integramos a nuestros proyectos herramientas digitales que nos permiten ingresar a su mundo. Lo vemos actuar en tiempo real en sus ocasiones de consumo. Vemos como se ven los lugares por donde circula (desde su dormitorio y hasta la universidad), y qué marcas están presentes en ellos. Mapeamos sus recorridos urbanos y sus encuentros con las marcas a lo largo del mismo.
Trabajamos con aplicaciones desarrolladas específicamente para un cliente en particular, así como con el contenido naturalmente generado por los usuarios en las distintas redes sociales en las que se mueve.
Todo esto nos permite generar una conexión más viva con el consumidor. Nos permite ponerle color y textura a lo que nos dice. Nos permite interactuar con el durante más tiempo y en otros lugares. Y nos permite hacerlo en un medio que le es familiar.

