Hace un par de años, desde Gentedemente trabajamos junto a Hellmann’s en una serie de estudios orientados a potenciar su propósito marcario: ayudar a reducir el desperdicio de alimentos.
El desafío no era menor. Hablar de desperdicio suele activar culpa, reproche o negación. Pero la investigación nos llevó por otro camino: escuchar cómo las personas realmente hablan de lo que queda en la heladera.
Así apareció un hallazgo clave: las “sobras” casi nunca se llaman sobras. En el lenguaje cotidiano, emergía una palabra cargada de cercanía, humor y cero solemnidad: “conchitos”.
Pequeñas porciones, restos combinables, oportunidades latentes. No algo para tirar, sino algo para recrear.
Identificar y legitimar ese consumer language permitió un giro conceptual potente: positivizar lo que sobra, resignificarlo como punto de partida creativo y no como fracaso doméstico.
A partir de este insight nacieron distintas activaciones y campañas, entre ellas esta pieza que llevó el concepto de Conchitos al centro de la conversación cultural 👇
Un caso que nos recuerda por qué la investigación importa:
porque cuando escuchás bien, el propósito deja de ser un slogan y se vuelve acción cultural.
Este es (uno) de los resultados concretos de esa investigación:



